¿Pueden cambiar las emociones o la conducta después de un EVC?
Después de un EVC pueden cambiar las emociones y la conducta: depresión, irritabilidad, apatía o llanto súbito. Cómo observarlos y qué preguntar al equipo.
Resumen: Sí, las emociones y la conducta pueden cambiar después de un EVC (evento vascular cerebral), porque el cerebro controla las emociones, el comportamiento y el pensamiento. Son frecuentes la depresión, la ansiedad, la irritabilidad, el desinterés, la impulsividad o el llanto y la risa que aparecen de golpe. Estos cambios tienen causa médica, no son culpa del paciente, y deben comunicarse al equipo tratante para coordinar rehabilitación y apoyo de salud mental.
Muchas familias notan que, después de un EVC, la persona «ya no es la misma»: se enoja con facilidad, llora sin motivo aparente, pierde interés o actúa sin pensar. Preguntarse si pueden cambiar las emociones o la conducta después de un EVC es el primer paso para dejar de interpretar esos cambios como falta de voluntad y empezar a tratarlos como parte de la recuperación.
¿Por qué cambian las emociones o la conducta después de un EVC?
Cambian porque el EVC daña zonas del cerebro que regulan las emociones, el comportamiento y el pensamiento. A eso se suma la reacción emocional ante la pérdida de funciones, la dependencia y el cambio de rutina, que también pesa en el estado de ánimo.
Ambas causas pueden coexistir y no siempre se distinguen a simple vista. Lo importante para la familia es que ninguna de las dos es una decisión de la persona ni un defecto de carácter, y que ambas pueden valorarse y atenderse.
¿Qué cambios son frecuentes y cómo reconocerlos?
Los cambios más frecuentes son depresión, ansiedad, irritabilidad o enojo, desinterés, impulsividad, episodios de risa o llanto repentinos, confusión u olvidos y fatiga. Reconocerlos por su nombre facilita describirlos al equipo tratante.
•
Depresión: ánimo bajo, pérdida de interés y de energía, dificultad para concentrarse.
•
Ansiedad: miedo intenso y dificultad para manejar las tareas cotidianas.
•
Irritabilidad: frustrarse o perder la paciencia con más facilidad que antes.
•
Desinterés (apatía): falta de motivación para participar en las actividades diarias.
•
Impulsividad: dificultad para anticipar o comprender las consecuencias de lo que hace.
•
Síndrome pseudobulbar: episodios súbitos e impredecibles de risa o llanto, a veces en situaciones inapropiadas, que no reflejan lo que la persona siente.
•
Fatiga: cansancio extremo que aparece pronto durante la actividad mental.
¿Cómo observar y comunicar los cambios sin culpar a la persona?
Describe hechos concretos, no juicios: qué ocurre, cuándo, con qué frecuencia, qué parece desencadenarlo y cómo era la persona antes del EVC. Anótalo y llévalo a la consulta; una descripción así ayuda al equipo más que «está insoportable» o «no pone de su parte».
Vigilar los cambios de actitud y comportamiento forma parte del cuidado después de un EVC. La depresión posterior al evento es frecuente (la American Stroke Association la estima entre el 30 y el 50 por ciento de los sobrevivientes) y puede dificultar la recuperación si no se atiende.
Frente a la persona, evita las frases que atribuyen el cambio a su voluntad. Explícale que lo que notas puede ser consecuencia del EVC y que lo comentarán juntos con el equipo.
¿Cómo afectan estos cambios la recuperación y la calidad de vida?
La depresión, la apatía y la fatiga pueden reducir la participación en la rehabilitación justo cuando más importa: la recuperación más rápida suele ocurrir en los primeros meses después del EVC. Atender los cambios emocionales protege ese avance y las relaciones familiares.
Una persona deprimida o apática tiende a hacer menos ejercicios, a aislarse y a abandonar actividades. La irritabilidad y la impulsividad desgastan a quien cuida. Por eso el estado emocional se considera parte del plan de recuperación, no un asunto aparte.
El cuidador también necesita descanso, alimentación, ejercicio y apoyo; cuidarse no es egoísmo, es condición para sostener el acompañamiento.
¿Quién ayuda: salud mental, rehabilitación y equipo tratante?
El equipo tratante (médico que da seguimiento al EVC) es el primer punto de contacto: valora los cambios, descarta otras causas y coordina con profesionales de salud mental y de rehabilitación. Existen psicoterapias y terapia de rehabilitación cognitiva; cualquier medicamento lo decide el médico.
Entre las terapias que se emplean están la cognitivo-conductual, la interpersonal, la centrada en soluciones y las basadas en atención plena, además de la rehabilitación cognitiva para los problemas de memoria y concentración. Cuál conviene depende de cada persona.
Los grupos de apoyo para sobrevivientes y cuidadores son otro recurso; pregunta al equipo si conoce alguno en Ciudad de México o en tu institución.
Preguntas frecuentes
¿Estos cambios son permanentes?
No necesariamente. Algunos mejoran conforme el cerebro se recupera y con tratamiento; otros pueden persistir y requerir apoyo continuo. La evolución es individual, por lo que conviene preguntar al equipo qué espera en tu caso y cómo lo irá evaluando.
¿El llanto o la risa repentinos significan que está deprimido?
No siempre. Los episodios súbitos de risa o llanto sin relación con lo que la persona siente pueden corresponder al síndrome pseudobulbar, distinto de la depresión, aunque ambos pueden coexistir. Descríbelos al equipo para que los valore.
¿Qué hago si mi familiar dice que no quiere seguir viviendo?
Tómalo en serio y busca ayuda de inmediato: llama al 911 o acude a un servicio de urgencias, y comunícalo al equipo tratante. No lo dejes solo mientras consigues atención; las ideas de este tipo requieren valoración profesional urgente.
¿Qué preguntar al equipo tratante?
Ante síntomas neurológicos nuevos (debilidad súbita, dificultad para hablar, confusión repentina) o ante riesgo de que la persona se haga daño, llama al 911 antes que nada. En la consulta de seguimiento, lleva tus notas y considera preguntar:
•
¿Mejorarán con el tiempo estos cambios y cómo los va a evaluar?
•
¿Qué puede hacer la familia cuando la persona está sensible o irritable?
•
¿Quién dará seguimiento a la salud mental y cómo se coordina con la rehabilitación?